martes, 8 de julio de 2014

Todavía te sueño...

Todavía te sueño entre esferas titubeantes que penden de las alas del recuerdo...

sábado, 5 de julio de 2014

Sólo si te es posible...

Si te es posible, no sólo vengas a mis sueños; también ven al despertar de ellos...

sábado, 26 de octubre de 2013

Cuando era niño.

Cuando era niño veía llegar a papá cansado a casa,
nadie prestaba atención para atenuar su fatiga ofreciéndole agua.
Siempre tenía que pedir a mamá y a mis hermanas mayores
o en su defecto, él solo resignado se las arreglaba.

Recuerdo una tarde en que no había dinero para manjares
ni para pan o tortillas que saciaran nuestra hambre,
y a punto de salir nosotros a la escuela, papá llegó, nos entregó unas monedas
para comprar en el recreo y otra vez regresó, a buscar buenas nuevas.

Muchas noches advertí cómo intentaba sacar las espinas de sus manos cansadas,
con la flama de velas calentaba su piel para quemar las astillas
Al día siguiente se levantaba de madrugada para acarrearnos el agua,
y se iba a trabajar para terminar igual como en toda jornada.

Cundo era niño, yo quise ser grande, fuerte y muy sano,
para ayudar a mi padre en los gastos que agobiaban.
Para combatir la pobreza en el mundo y que la Navidad me hiciera feliz,
sin lamentarme a falta de pavo y muchos regalos.

Hoy todavía tengo a mi padre y me pesa que no le ayudo,
como soñé desde niño al mirarlo cansado.
La pobreza no combatí y la Navidad es precaria al igual que antaño.

Cuando era niño miraba las cosas en el mismo plano.
Mi viejo calla, nada reclama, y es paciente en el transitar de los años.
Qué dirán hoy mis hijos, cuando vienen conmigo y los llevo de las manos...

* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.

Brianda; debut y despedida.

Luego de haberle prestado el celular a Indira, mi novia, para que le llamara a un familiar, recibí una semana después, un mensaje de texto de aquel teléfono.
_ Hola, kien eres / _ Hola -respondí identificando el número, porque me permití guardarlo con el nombre de "familiar de Indira". / _ Kien eres? -insistió la persona, y pensé, según dijo Indira, se trataba de su prima Brianda. / _ Sabes -contesté-  lo que sucede es que hace unos días le presté el teléfono a mi amiga, para comunicarse contigo, por eso es que quedó grabado en tu cel. / _ Ah, ok -se limitó a responder la chica.
Los días transcurrieron y pensé que todo había quedado aclarado y olvidado. No obstante, semanas más tarde, recibí otro mensaje del mismo celular.
_ Dime la verdad como obtuviste mi numero / _ Je, ya te expliqué, yo no te llamé, fue mi amiga. / _ Y como t llamas -continuó la chica. / _ Andy -le dije- y tú? / _ Me llamo Brianda y donde vives cuantos años tienes / _ En Iguala, en el centro, tengo todos los años, y tú? / _ Vivo en un pueblo tengo 15 años. / _ Bueno, pues mucho gusto Brianda, estoy para servirte. / _ No me has dicho cuantos años tienes / _ Tengo el doble de tu edad. / _ Y en k trabajas / _ En algunos medios de comunicación, y tú, estudias? / _ Sí estudio la secundaria sta cerk d mi casa pero alla no hay señal del cel solo agarra en algunos lugares del pueblo
Y los días pasaron....
_ Por que ya no me escribes stas ocupado t molesto / _ Perdón - le respondí 30 minutos después porque estaba con Indira-  cubría un evento, no me molestas. Platícame sobre tu pueblo, cómo se llama? / _ Esta cerca de Iguala oye luego mensajeamos es k c sta terminando mi saldo y aki no hay recargas / _ De acuerdo, si tuvieras una emergencia, dime y te paso saldo, que estés muy bien, hasta pronto, / _ Kieres ser mi amigo –me escribió la chica.  / _ Sí, claro, por qué no?
Un par de días después, llegaron otros mensajes de Brianda, con el peculiar estilo de escribir en el celular y el chat, que tienen los chicos de su edad.
_ Hola amigo k haces y k cuentas / _ Hola! estoy trabajando, qué tal te fue en la escuela? / _ Pues no me fue muy bien k digamos / _ ¿Por qué?  Te sucedió algo grave? / _ Te voy a contar amigo lo k pasa es k mientras estábamos en el recreo un amigo m agarro descuidada y m dio 1 beso pero lo malo es k el primo de mi novio nos vio y aunke luego m dijo no t preocupes yo no dire nada m siento muy mal no se k hacer aconséjame / _ Pues mira, no sé si le diste motivo a tu amigo para que te besara, no sé si te sientes mal porque el primo de tu novio los vio. Supongamos que nadie los hubiera visto, te sentirías igual de mal? O de finitivamente tú no le diste lugar a tu amigo? Creo que debes hablar con tu amigo, que te dé una explicación y se disculpe contigo por tomarse esa atribución. Además, piensa si eso hubiera pasado con tu novio, que otra chica lo besara. ¿Que sentirías? Creo que de cualquier forma debes hablar con tu amigo y con tu novio. Pero desconozco las circunstancias... / _ Mi amigo ya m pidio disculpas y nunca le he dado motivos voy a hablar con mi novio y ke el decida oye amigo kieres ser mi novio de chocolate
 _ Oye, creo que estás en un pequeño lío con tu novio y aún así piensas en un noviazgo de chocolate. / _ Es que me caes muy bien andale si / _ Te lo agradezco. Has pensado en que algún día podríamos conocernos? / _ Si kiero conocerte amigo cuando vaya a Iguala t aviso para k nos veamos sale / _ Je, quizá. / _ Entonces si o si / _ De qué se trata lo de novio de chocolates? / _ Nos hablaríamos con mas cariño nos contaríamos nuestras cosas / _ De acuerdo / _ Gracias corazón / _  jajaja, tan rápido te fluyó el cariño? / _ No t burles stoy contenta xq tengo un gran novio d chocolate / _ Ok, bueno, luego platicamos, voy a trabajar, cuídate mucho, un abrazo, hasta pronto. / _ Besos mi corazon stare pensando en ti tu tambien piensa en mi, en tu novia d chocolate k t kiere mucho.
Al día siguiente.
_ Hola novio tiene 1 dia k no m scribes no m abandones tanto k haces y k cuentas / _ Hola novia, jaja, disculpa, stoy trabajando, cómo está la niña más linda de las comunidades de Iguala? espero q bien / _ K lindo t kiero mucho solo pienso en ti en las noches no puedo dormir d tanto pensar k haras si ya t dormiste o no / _ Gracias, yo también he pensado mucho en ti, te envío muchos abrazos y mis mejores deseos para ti y tu familia. / _ Sabes desde k t conoci todo es mas lindo en mi mundo soty contenta con todos a mis amigas les he hablado d ti les he dicho k un dia identifique una llamada en mi cel t scribi y stoy contenta muy contenta / _ Haces bien en contarle a alguien sobre esto, que bueno, yo también estoy contento por tu amistad / _ T voy a confesar algo yo nunk he estado con ningun hombre nunk he hecho nada d nada y cuando lo kiera hacer kiero k sea contigo / _ No digas eso, no puedes amar a alguien que no conoces / _ Mira a veces cuando pienso en ti cierro los ojos y t imagino a mi lado sueño k amanezco en tus brazos y k soy tan feliz contigo dime k tu tambien eres feliz conmigo dimelo x favor / _ Soy feliz de conocerte Brianda, soy feliz....
Y transcurrió un mes en el que Brianda y yo nos escribíamos mensajes diariamente, en la noche, al amanecer, al medio día, a todas horas (de hecho en las noches cerrábamos conferencia muy temprano, antes de las 9, porque ella se dormía a esa hora). Le pregunté qué sonido tenía su celular en mensajes, y me dijo que era la melodía de Noche de Paz, que todos se reían de ella porque nunca lo cambiaba, y que no lo haría ahora porque el sonido le avisaba que era yo quien le escribía, era el sonido más hermoso para ella. Luego  sugirió que le enviara fotos a su correo y a su celular. Yo dije que no me tomaba fotos, normalmente yo era quien las tomaba, y que además mi teléfono era sencillo y no tenía esa función. Ella insistía en lo de las fotos y yo me negaba, le decía que se iba a asustar al conocerme y que incluso terminaría no sólo con el noviazgo de chocolate, también con la amistad. Brianda me decía: Como crees, yo siempre t voy a kerer y esto nunk terminara.
Y los mensajes por celular continuaban y subieron de tono, y tocamos otros temas... hilvanamos promesas. Brianda era mi Lolita... era la perversidad de la que habla en sus textos mi amigo José I Delgado. Todo iba bien (o al menos eso quería creer), hasta que ayer, Indira me invitó a su casa a una fiesta. Estaba su familia que no conocía, me presentó a mucha gente, Indira me dejó por un momento y justo entonces sonó el vibrador de mi cel:
_ Hola corazón k haces y k cuentas sabes t extraño mucho amor t mando muchos besitos y muchos se kedan conmigo para que t los de cuando t conozca
Era Brianda
_ Hola corazón, estoy bien, en una fiesta con mi familia, es un  gusto saber de ti, espero que estés muy bien, ¿qué has hecho?
Le di enviar al mensaje... y tres segundos después escuché una melodía que ya me resultaba familiar tan sólo de imaginármela en el teléfono de Brianda. Era la melodía de “Noche de Paz” que sonaba a mis espaldas. Giré y encontré a una chica como de 15 años que sonriendo miraba un celular sosteniéndolo con ambas manos.
_ Volví a escribir alejándome de la chica / _ En dónde estás? Qué ropa tienes puesta? / _ Yo también estoy en una fiesta con mi familia de Iguala -respondió la chica, luego de que el sonido navideño volvió a sonar en su celular,  y describió el vestuario que coincidía con la guapa niña que tenía ahora como a 5 metros frente a mí.
Una revolución indómita inundó mi cabeza.  ¿Qué iba a suceder? Para emociones con la niña ya estaba bueno. No iba a arriesgar mi noviazgo con Indira por una tontería. Pero estaba tan contento con Brianda, y con mucha más razón ahora que la distinguía en persona, era más linda de lo que llegué a imaginar. Así que mi princesa en realidad era más hermosa que muchas  princesas juntas. Consideré la posibilidad de seguir la relación con Brianda, y limitarme sólo a los mensajes de cel pero también se despertó en mí el deseo de querer coincidir con ella,  conquistarla de tal manera que  aunque me sintiera un hombre desafortunado por ser feo, Brianda nunca me rechazaría al conocerme en persona. Haría lo que fuera con tal de hacer realidad sus palabras, y así, juntos acariciaríamos el cielo, como ella lo escribió tantas veces.

Indira era mi amor real, Brianda sería algo pasajero que ella quiso iniciar, de ella fue la idea, yo me dejé llevar, tratando de ser respetuoso. Ella despertó en mí, instintos que no conocía, quizá como la Lolita de Vladimir Nabokov. Mis deseos comenzaron a desencadenarse, justo cuando la hermana de Indira se aproximó a mí, y me dijo: ¿cerveza o tequila? cerveza -respondí. Y mi celular seguía vibrando...me decidí, aquella tarde  Brianda hizo su debut en mi vida real, pero me despediría de ella por el cel, argumentando uno y mil pretextos de ser necesarios. Siempre pensé en que al conocerla porque Indira me la presentara, quizá entablaríamos amistad, y se daría la posibilidad de intercambiar números telefónicos, para lo que se ofreciera, entonces me vería en aprietos, tal vez sería indispensable perder mi número y estrenar otro. De cualquier forma, a muchos de mis contactos los tenía en el facebook, y fácilmente les informaría mi cambio de número.  Indira se aproximó a mí y me dijo: vamos adentro, ya van a partir el pastel, y volteó hacia donde estaba Brianda para comentarle algo sobre su peinado. Ven con nosotros Brianda, vamos a cantar las mañanitas, y los tres nos encaminamos hacia el interior de la casa, presagiaba que me llevaría muy bien con Brianda, pero el secreto de los mensajes por celular me lo llevaría a la tumba; o eso pensé en aquel momento…
* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.

La visitadora de Pantaleón

Identifiqué a Elena por vez primera en el Cinemas Plaza donde yo fungía como gerente, la noche de un domingo de primavera, llevaba un vestido entallado color blanco y se advertían sus formas femeninas bien acentuadas. Hacía un par de semanas, en una reunión de amigos, Clara nos presentó con ella; todos estuvimos de acuerdo en que Elena era una chica muy guapa, alguien me dijo “se parece a Sandra Bullock”.
Así pues, cuando identifiqué a la hermosa dama que rondaba en mis terrenos, me aproximé a ella para saludarla por segunda ocasión en nuestras vidas.
─ ¡Hola Elena! –me limité a decir cuando al fin decidí hablarle mientras ella observaba un poster de la película que estrenábamos.
─ ¡Hola! ¿Qué andas haciendo? –respondió sin pronunciar mi nombre, porque entendí que tal vez no lo recordaba.
─ Aquí trabajo, ¿quieres entrar?
─ ¿Me invitas? –dijo coquetamente.
─ ¡Claro! –respondí, y me dirigí a taquilla a comprarle su boleto.
Nos encaminamos al interior del inmueble, yo, con el pensamiento de dejarla en la entrada de la sala y continuar con mi trabajo; y ella, con otros planes. De manera que me solicitó la llevara hasta adentro y la acomodara en una butaca, porque según dijo, le temía a la oscuridad. Asentí, entramos a la sala ante la mirada de algunos compañeros de trabajo, quienes ya no distinguieron el momento en que ella tomó mi brazo con ambas manos, y yo la sostuve como todo un caballero (sic).
Al fin llegamos a la parte alta de la sala y nos sentamos, le dije que me retiraba porque debía atender mis ocupaciones, a lo que ella contestó como niña: no, espera ¿me vas a dejar solita? No te vayas, me da miedo la oscuridad.
Una emoción estremeció mi pecho y me esforzaba por interpretar lo que la chica me estaba diciendo con tal invitación. Le dije que volvía en unos minutos, que no la iba a dejar sola, que me daría mis vueltas para cerciorarme que estuviera bien, ella me permitió que me levantara, con la condición de que regresara pronto.
En breves instantes, volví junto a Elena y le llevé algunos dulces, los coloqué en sus manos y me dispuse a saborear un halls atendiendo la película; sentí su mirada y me dijo:”dame halls”.
Tomé el paquete de pastillas y lo abrí para ofrecerle.
No –pronunció- quiero del que tienes en tus labios.
En condiciones normales, entendí que lo que se hacía en estos casos, era aproximarme a sus labios y compartirle de los míos, el dulce que pensé, ella deseaba, pero me contuve e intenté extraer el halls de mis labios, y ella me tomó de la mano y se acercó a mí, para tomar con sus boca la pastilla refrescante, me la regresó, la volvió a tomar y volvió a dármela, hasta que al fin nos olvidamos de la maldita pastilla,  sumergiéndonos en una guerra de besos, que interrumpimos porque nos hacía falta el oxigeno.  Fue entonces cuando con mis dedos traté de tomar los residuos del halls que sentí en su boca; situación que Elena aprovechó para succionar, chupar, morder, lamer y saborear mi dedo medio, al tiempo que clavaba su mirada en la mía y acomodaba su cabello sobre su hombro derecho, contrario a donde yo estaba, para dejarme al descubierto su cuello, que sentí, me invitaba a disfrutarlo.
La situación no fue más allá, bajé a la oficina constantemente y a los pocos minutos regresaba con Elena, luego me retiraba para hacer cuentas y efectuar un par de llamadas, para después volver con la chica, hasta que al fin se llegó la hora en que terminó mi día laboral  y salí acompañado de la muchacha.
Yo tenía 22 años, estaba soltero, sin novia, vivía solo… y Elena me pidió la llevara a mi casa. ¿No tienes miedo de ir a casa de un soltero que vive solo? –le pregunté a Elena. No –respondió- confío en ti.
En común acuerdo nos dirigimos a comprar cena para llevar a casa, y llegando a mi morada, la chica me solicitó le permitiera bañarse, sugiriendo que juntos tomáramos el baño… accedí; un baño es sólo un baño. Nos desnudamos como si ya lo hubiéramos hecho cientos de veces, sin cohibirnos un solo instante. Entramos al baño y Elena no dejaba de hablar, me contaba alguna anécdota familiar mientras el agua fluía por nuestros cuerpos, propiciando que la calidez del momento, me hiciera pensar que el agua elevaba su temperatura al hacer contacto con mi piel.  Unas veces ayudaba a mi acompañante a enjabonar su espalda, sus pechos, y otras, dejaba que ella hiciera lo propio.
Salimos del baño y nos dispusimos a cenar, al terminar, nos tendimos sobre un tapete que tenía en la sala, y di lectura a algunas de mis composiciones poéticas. Mi visitante seleccionó algunos que le parecieron más bonitos –así dijo- y roció con su perfume las páginas de mi cuaderno, cuya fragancia aún se percibe después tantos años. Al fin, el cansancio nos vencía y decidimos ir a dormir, fuimos a la recámara y le sugerí seleccionara la cama donde dormiría, y ella refirió: amorcito, ¿me vas a dejar dormir sola? En realidad, yo quería que durmiera conmigo, y así fue. Pero aquella noche  tuvo muchos intermedios que no permitieron que consiguiéramos descanso y que arrancaron las lágrimas de Elena, porque me dijo, desprecié su cuerpo.  ¿No soy suficiente mujer para ti? -cuestionó Elena. Al contrario, eres mucha mujer para mí –le respondí tratando de no hacerla sentir mal. Y es que advertí que algo comenzaba a estar mal desde el principio. No debí llevarla a la casa si no pretendía hacer algo con ella. De hecho, no esperaba que ella me propusiera eso, debí suponerlo.
Luego de platicar con algunos de mis amigos sobre esta anécdota, sin referir quien era la chica, me reprendieron por no haberle dado gusto. No sé cómo te contuviste Andrés, me hubieras hablado para hacerte el paro –dijo uno de mis vecinos.
Y es que muchas cosas me parecieron extrañas: yo nunca me he considerado con atractivo físico, me gusto, pero no creo que le guste a las chicas. Una vez que vi desnuda a Elena, vi que su vientre estaba un poco abultado, un poco. Sus pechos, según me dijo Poncho quien trabajaba en la dulcería, parecían como si ya hubieran amamantado. No la conocía, entonces de qué se trataba el asunto. Además de que en casa no tenía preservativos, no tenía caso tenerlos, me dedicaba al trabajo, a ciertas actividades en un grupo de jóvenes, a escribir mis curiosas composiciones con tintes algo poéticos, a tener orden en casa.
Al fin, llegó el amanecer y Elena se marchó.
Dos noches después, como a las 11:30, alguien tocó a mi puerta, era ella. ¿No me invitas a pasar? Claro –respondí- pasa.
La insistencia fue la misma, luego de haberle leído algunos de mis escritos a petición suya. Y las visitas fueron constantes, pero nunca consentí a sus encantos. En una de sus visitas al cine, nos sentamos un rato en el acceso, justo cuando Clara pasó por ahí y nos saludó. Luego, al despedirse, le dijo a Elena:
¿Y tu marido? ¿Cuándo viene de Estados Unidos?
Elena no contestó nada y Clara se alejó mientras me veía y con la mirada trataba de decirme: “es casada Andrés”
¿Así que tienes marido? Cuestioné a Elena. Sí, pero el buey ya se olvidó de mí.
Sólo una visita más tuve de Elena en el cine, llegó con su hermana e intentaba tomarme una foto abrazado de ella, cuestión que no permití, pese a su insistencia.
Nunca más volví a saber de la chica, alguien me dijo que había engordado y que ya no tenía la silueta de antes. Me pregunto si para ella, el hecho de no haber cumplido con su cometido en tantas visitas, en verdad la habrán lastimado. Quizá por tratar de ser caballeroso, fui todo lo contrario.

Tal vez fue mejor así, no me arrepiento que las cosas fueran de esta manera.  
* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.

El báculo del señor Obispo

  1. El día en que ella se marchó de la casa y me dejó sin muebles,  busqué en el ático algo que me fuera de utilidad para pasar la noche. Este fue el único lugar de donde no decomisó nada, siempre se le dificultó subir la escalera aparte de que evitaba  inhalar el polvo que abundaba en el espacio. Encontré mis viejas chamarras que utilizaría como c
  2. olchón y almohada. Unas vinajeras y un báculo de madera llamaron mi atención y reconfortaron mi espíritu, pues esto indicaba que no pasaría la noche sin tomar café. Bajé todo al piso y comencé a edificar mi morada. Lo que había ahí, era todo con lo que contaba, así que esto era mi mayor tesoro.
  3. Mientras me dirigía al pasillo de la vecindad y cruzaba el gran patio en donde se levantaba un frondoso limonero, y de donde tantas veces me cubrí  bajo su sombra cada vez que tenía un disgusto con ella, recordé la ocasión en que conseguí el báculo pastoral. Fue el día en que la acompañé a Teloloapan para visitar a su hermano que ya era sacerdote.
  4. Coincidimos con la visita del señor Obispo, de quien advertí, le encantaba el mezcal.  Aproveché el jolgorio para tomar su báculo y meterlo entre dos sombrillas que llevábamos y luego envolví todo con una cobija de la bebita. Para las vinajeras hubo cupo en la maleta. Durante mucho tiempo, le dije a mis amigos que se me antojaba tomar cerveza en las vinajeras que empleaban los sacerdotes, pero todavía no saciaba mi antojo.
  5. Ahora, al cruzar la calle para dirigirme al oxxo de Joaquín Baranda y Morelos por un sobre de café y azúcar, recordaba un poema que le gusta mucho a mi amiga Janneth y que escribió muy bien José I. Delgado Bahena, amigo mío también: “Me tomaré un café sin ti”. Aunque a decir verdad, el café me lo tomaría sin nadie. Ella dejó de importarme cuando la vi salir. No se podía sentir otra cosa hasta ese momento, sólo habían transcurrido unas horas a que se había marchado. Estaba con mi orgullo hasta el tope.
  6. Regresé, y junto con unas varas secas que encontré en el patio, vi como se consumía el báculo del señor Obispo, mientras le daba sorbos al café y veía en el piso las galletas que me ofreció la vendedora por 5 pesos más, cuando le solicité una recarga para mi celular.
  7. Por aquella noche, las vinajeras probaron el café. Pronto les haría los honores respectivos con una cerveza. No pude evitar sonreír al pensar en las señoras que van mucho a la iglesia, y que como decía Gabriel, un cuate que vive en la calle Berriozábal, “se asustan del muerto y se abrazan de él”. Tal vez me habrían dicho que estaba cometiendo sacrilegio al quemar el báculo, y aún más, por el hecho de haberlo robado.
  8. Quizá lo encendí a propósito, ¡total! Una noche sin merendar, no iba a extinguir mi vida. Pero un café de casa, es un café mis amigos. De una vez quise enfrentar el hastío, y el peso que en un principio representaría la soledad en aquel departamento. ¿Cuántos días serían? Ya no lo supe, le perdí el interés a llevar las cuentas.

  9. Ahora vivo en otra casa, con otros muebles, todavía sigo solo. Esta mañana cuando compré el tanque de gas de 20 kilos y por el cual pagué 235 pesos, sentí un alivio porque nuevamente tomaría café de casa, luego de dos semanas sin haber tenido gas, pues  los gastos se me juntaron, además que no cocino diario, no me da tiempo, “debo invertirlo a veces en tomar fotitos o escribir”. Es probable que al reconfortarme porque habría aroma de café en casa, me llevara a recordar aquella noche en que quemé el báculo del señor Obispo…Perdón señor, perdón...perdón señor obispo. 
  10. *Autor: Andrés Ortiz Pantaleón. 

Velada de Otoño

Fue la noche de mi cumpleaños cuando coincidí con ella en una cena que prolongamos hasta las primeras horas de la madrugada. Al concluir, nos encaminamos hacia el parque Juárez.
 El viento de otoño, el mismo que tumba las hojas de los árboles, propiciaba que la chica que estaba a escasos centímetros de mí, se cruzara de brazos para darse calor, sobre todo por el hecho de tomar un par de bebidas frías minutos antes.
El mismo viento y el triple de bebidas que tomó ella, habían sido consumidas por su servidor, y eso apresuró una pretensión que yo trataba de desvanecer por las diferencias obvias que resaltaban. Detuve la marcha y me situé frente a ella, para agradecer su compañía, su atención; por permitirme escucharla también, entonces reclamé mi abrazo de cumpleaños, porque era evidente que ambos nos retiraríamos a descansar, ella a su casa, y yo a la bodega, donde me estaba quedando a dormir.
Nos abrazamos cómplices de la velada, en la que compartimos algunas confesiones; mientras, el viento mecía las ramas de los tamarindos y nuestros cuerpos encontraban acomodo, al  menos eso sentí, y mi libido a flote me llevó a efectuar un roce de mejillas, a lo que ella consintió, justo cuando me dijo: “feliz cumpleaños Andrés”.
Su silueta juvenil fue estrechada por mis brazos y manos, las cuales acariciaron sus propios brazos, sus hombros, su espalda, y posteriormente, el fleco de su cabello que caía del lado izquierdo, fue resbalando entre mis dedos, al tiempo que le susurraba al oído: “gracias, muchas gracias”
Entonces, mis mejillas fueran tocando retirada, y le dieron la bienvenida a mis labios, quienes ocuparían su lugar, para besar los pómulos femeninos, y finalmente, encontrarse con sus labios, que al principio sólo permitieron los besos, y luego, sutilmente correspondieron titubeantes.
Mis manos bajaron a su cintura, a la misma altura donde descansaban sus manos que pensé, todavía no recibían señal de cómo reaccionar. Los besos fueron interrumpidos, y vino entonces el aparente arrepentimiento masculino, y en ella, el “¡Dios qué sucedió!” en tanto su mano izquierda fue llevada a su frente, y la derecha se posó sobre su pecho.
_Perdón, me dejé llevar –articulé.
Ella movió negativamente su cabeza, y esbozó una sonrisa nerviosa, que yo deseaba interpretar con prontitud, para saber si de verdad era correspondido o sería amonestado por haber probado un fruto prohibido e intentar vincularme a sus encantos, por el atrevimiento y el abuso de confianza, malinterpretando su compañía, por no controlar los efectos del alcohol, y  no haber escogido una mejor manera de acercarme a ella, y por no comportarme como caballero en la aurora del día de mi santo.
_  ¿Qué pasó? –cuestionó al fin.
_ Lo siento –me limité a decir.
_ ¿Por qué tú? ¿Por qué así?
Y entonces, me confió algunas experiencias. Creía haber escuchado todo mientras cenábamos, pero es un hecho que todos tenemos un mundo de historias que callar o contar. Luego de escucharla por algunos minutos, volví a abrazarla y a decirle que todo estaba bien ahora, y le agradecía la confianza.
Seguimos caminando y decidimos sentarnos en una banca que estaba frente a la antigua cárcel de Iguala. Ahí, la plática me llevó a otro acercamiento con ella, para buscar nuevamente sus labios, con menor preámbulo. Los besos tuvieron mayor viveza, y sus manos subieron un poco para descansar en mis brazos.
Cuando nos separamos, me dijo que sentía los labios inflamados. Le contesté que quizá era por el tiempo que tenía sin besar.
Escuché entonces su risa y advertí el brillo en sus ojos cuando nos volvimos a abrazar una y otra vez, suspendiendo los besos, porque advertimos que un  policía vigilaba la escena desde el kiosco. Nos dirigimos a una tienda ubicada en  Madero, y compramos un refresco helado, para mitigar la hinchazón de sus labios, que para ese momento ya era visible, y que ella no quería lo notaran sus papás.
Detuvimos un taxi, le abrí la puerta trasera, y me despedí de beso de la chica quien sostenía el refresco en sus manos, mientras le decía: hasta mañana, me avisas cuando estés en tu casa por favor. Subió al vehículo, anoté  el número de taxi, las placas y la organización a la que pertenecía, y me retiré a descansar; era la primera de muchas despedidas que sostendría con ella ahí, mientras se iba el otoño.
 Luego, a los 22 días, cuando llegó el invierno, cambiamos de táctica, para destantear a los testigos, según acordamos, y comencé a llevarla a su casa  Ya no hubo necesidad de comprar refrescos para la hinchazón en sus labios, pues estos, se acostumbraron a mis besos, y fueron benevolentes a la delicadeza con que ella me enseñó a tratarlos.

Se fueron los años, y vino otro siglo, hasta que al fin, la vida se nos fue a ambos. Pero todavía, del más allá, visitamos el parque Juárez, en la víspera del día de mi santo…
* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón

CARESTÍA

La mañana está nublada, sobre el comal se calientan las tortillas que los pequeños reciben de manos de su madre, quien en esta ocasión, ha tenido que agregarle masa a los dos huevos que pusieron sus gallinas, para obtener una torta más grande y esta sea suficiente para los tres niños; aunque no alcanzará para Diana, la hija mayor, quien no tiene mucha prisa en tomar los alimentos, pues prefiere que primero lo hagan sus hermanitos, ya que dos de ellos entrarán a clases a las 8 de la mañana, y ella, asiste a la secundaria por la tarde. Solían comprar otros tres blanquillos por la mañana, en la tienda de don Lencho, quien se los vendía a dos pesos, pero ahora, el señor no tiene en existencia. En la miscelánea de la esquina, les venden a 3.50 sueltos, y el medio kilo a 21.50, eso es más de lo que pueden gastar en un almuerzo para la familia. Pedro, el papá de los pequeños, debe conformarse con un té de hojas de limón, y con las tortillas que están por salir del comal, y a las que les ha untado aceite y sal, para acompañarlas con la salsa a la que les hizo falta tomate. La menor de las niñas, Laurita, disuelve en una taza, los trozos de tortilla que su mamá, doña Rosa, le preparó combinadas con té de limón, para que las pueda digerir. Luego, recibe un taco de la torta que pronto se terminó, y que fue ablandado con la humedad que tenían las manos de la señora.
Al terminar el almuerzo, don Pedro entrega los zapatos a su hijo, éste, los recibe, y se los coloca  mientras advierte que ya no parecen tan cenizos, pues su papá los recubrió con un trapo que sumergió en el aceite quemado que le regalan en el taller que está junto al periférico. En breve, los tres pequeños salen acompañados de su papá. Hasta adelante camina Carlitos, quien se acomoda la bolsa de mandado en su hombro derecho, ahí lleva sus cuadernos, y con la mano izquierda se acaricia el cabello al cual le untó un poco de miel, pues sabe, según dicen sus papás, que la miel es buena para todo, y recientemente descubrió que le suaviza más el cabello y le ayuda a asentárselo. Antes dejaba que le pusieran jugo de limón en su cabeza, pero a la hora de hacer ejercicio, este le escurría con el sudor, y le causaba ardor en los ojos. Hasta la fecha no conocen el gel. Don Pedro se despide de ellos en la puerta de la escuela, y sólo les da su bendición acompañada por el termo con agua de limón, que endulzaron con el piloncillo que antes fue machacado en el metate, les asegura que cuando salgan de clases, podrán echarse unas buenas quesadillas, y les anima a que aguanten tantito a la hora del recreo, pues no les dejará ni un peso. Más tarde, Laurita es llevada al kínder por su hermana Diana, en la puerta de la escuela, la pequeña es recibida por su maestra de primer grado. Unos meses antes, la educadora había visitado el domicilio de las niñas, para invitar a los padres a que inscribieran a Laurita, pues el kínder comenzaría actividades este año. En aquella ocasión, al momento de que la profesora se despidió de doña Rosa, la mamá de Laurita, y advirtiendo la escasez económica en la casa, metió mano a la bolsas de su mandil bordado, para sacar unas monedas y entregárselas a la señora.
_Para que les compre unos panes a sus niños seño –dijo la maestra a doña Rosa.
Don Pedro agarró camino para el monte, se fue en busca de leña, hace dos semanas que se acabó el trabajo con su vecino albañil, ahora debe arrimar flores de calabaza y con suerte, algunas orejitas que encuentre en los cazahuates, esto servirá para que su esposa haga unas quesadillas. De la lista de material que le pidieron a sus hijos, poco caso hace por ahora.
_No hay de dónde –le dice a su mujer- ni modos que robe.
De regreso del campo, mientras Pedro viene silbando, voltea a ver a la ciudad, allá donde muchos tienen proyectos, donde se planean las obras, las empiezan y luego las paran, como la Unidad Deportiva en la colonia Chapultepec, donde estaba trabajando. O la beca que perdió Carlitos, y de lo cual, unos culparon al presidente.
_“Acá arriba no hay proyectos”, -piensa el jornalero- “acá uno va al día, y los políticos se hacen nomás mensos”…
Luego, se detiene para cortar unos quelites, que acompañarán a las flores de calabaza, pues no hubo orejitas.
_Llegando y vuelta –se dice para sus adentros el señor, pues no le quedan tantas opciones, debe regresar por unos costales de tierra para las plantas del kínder, las que plantó en vacaciones, cuando la maestra lo contrató para chaponear el bosque, y en donde Carlitos sufrió la picadura de una alacrán, al ayudarle a su papá a arrancar el bosque.

En la casa, Dianita cose los botones de una camisa de Miguel, el vecino de enfrente, a quien por sugerencia de Carlitos, no le cobran en efectivo este tipo de favores, prefiere que su mamá le diga:”No es nada Migue”, pues Miguel regresa enseguida con un plato de carne cruda que su mamá suele traer del hospital donde trabaja de cocinera. _Tenga doña, para que le prepare a sus hijos, -dice el bueno de Miguel a doña Rosa, en agradecimiento a esos favores que tanto le hacen. Este es de los días buenos entonces, pues las gallinas ya se acabaron, sólo les quedan cuatro, y nomás son dos las que ponen. “Hubieran de poner 5 huevos diarios” dice Carlitos, quien es el encargado de recogerlos cada mañana
* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón

¿Delinquir o no?

Te levantas temprano, caminas hacia la cocina para prepararte un café, medio garrafón de agua yace en el balancín, y cuatro envases  vacios colocados en el piso, llaman tu atención.
El frasco de café y el azúcar están a punto de terminarse. La botella de aceite la ves depositada en el bote de basura, desde el día anterior. Te diriges hacia el lavadero para enjuagar tu taza favorita, la que te regalaron en el Centro Comercial, adviertes entonces que ya es momento en que debas conseguir detergente y cloro, ¡rayos! También hace falta jabón para baño, shampoo para los niños. Si sólo fueras tú, muchas cosas no te importarían.
Sirves el café y te limitas a mirar la caja de galletas; no, eso no, son para los peques. Sales de  casa y caminas bajo las sombras de la madrugada como cada mañana, a realizar una tarea adicional, para ganarte algo extra. 30 minutos después, llegas a la casa de doña Catita, a quien  le ayudas a cargar recipientes y muebles, pues desde que enviudó, te ofreciste a apoyarla manejando su carro, una de las pocas pertenencias que le dejara su marido y quien en vida, la llevaba al exterior de la central de autobuses, donde han vendido almuerzos. Ahora este trabajo lo haces tú, porque Catita no maneja, los carros no son para ella. Luego de bajar la mercancía de la señora, vas por sus hijas, Lulú y  Karen. Lulú se encarga de atender otro expendio, a Karen la llevas a la secundaria, y te regresas a guardar el carro, para sacarlo hasta el día siguiente, Catita y Lulú se regresan en taxi, lo importante es que las lleves temprano, porque la venta comienza amaneciendo, eso te han dicho.
Al regresar a casa tomas un baño, tus hijos ya se están arreglando para ir a clases. Te das cuenta de que Juanito necesita otros zapatos, pero él no dice nada, sonriendo se acomoda el calzado y juega con Rosita, quien el día de mañana cumplirá 4 años de edad. Por ahora, lo que te interesa es que deje de toser, que le baje la temperatura y se le quite el vomito. Piensas por un momento en comprar un pastel al menos, para que se lo coman entre los tres niños; pero te acuerdas que en una semana se vence la renta. No dices nada, almuerzas rápido, y sales de casa con Juanito y Laura, para llevarlos a la escuela. Al fin los dejas y te diriges a tu trabajo de planta. En el camino te preguntas una y otra vez, si en momentos como este, es cuando muchos han empezado a delinquir. Trabajando honestamente no logras satisfacer tus necesidades básicas.
Ideas descabelladas se te vienen a la mente. Miras el pavimento como buscando una pepita de oro, vives en la ciudad del oro, tal vez alguien extravíe una pieza de este metal precioso. Pero no hay nada. En la actualidad no es sencillo que alguien pierda alguna pertenencia. Se te ocurre planear un asalto, pero no lo harás solo, necesitas que alguien te respalde, pero te avergüenzas de decírselo a tus conocidos. En otras ocasiones, a son de relajo, otros te han dicho “dan ganas de asaltar un banco”. Ahora no es en relajo, de verdad que te dan ganas de asaltar un maldito banco, de secuestrar, pero ¿y el cobro del rescate? Eso debe ser lo más difícil. No, eso no está bien, aunque sólo lo harías una vez, para pagar algunas deudas, para emparejarte tantito, sólo una vez…
Cumples tus obligaciones laborales, y por la noche, cuando te diriges a casa, sigues pensando en hacer algo, sobre todo, porque a la sociedad no le importan tus problemas. Los de arriba, los que tienen, cuidan lo suyo, y quieren más. Los que son como tú, poco les importa. Llegas a casa y se acrecienta la urgencia. Es media quincena y ya se acabaron las provisiones, además, hay que hacer gastos para la escuela. Miras a Rosita, y te alegras de que está mejor.
Quisieras pedir otro préstamo, y otra vez te asaltan los cuestionamientos; un préstamo no es lo que necesitas, ¿cómo lo pagarías? No necesitas préstamos, lo que requieres es dinero, no prestado, pero nadie te lo dará. Sales al patio, y guardas los botes de aluminio que recogiste en la calle. Te dan ganas de tirarlos a la basura. En realidad no sabes cuándo podrás llevarlos a vender o cuánto te darán por ellos, pero sabes que algo han de valer. Finalmente te vas a acostar, no sabes si renegar de Dios o darle gracias, sólo él te queda. Este día fue uno de tantos, uno más en el que te preguntas si trabajar de manera honesta, es realmente la manera correcta para vivir bien. Decides descansar, mañana será otro día.
Al día siguiente, te levantas y sales a la calle de madrugada, sin tomar café, porque ya se terminó. No te animas a cometer un ilícito, no tienes corazón para hacerlo, no estás hecho para eso. Hasta para delinquir hay que tener ciertos elementos y carecer de otros. Y tú no cubres los requisitos. Otra vez la madrugada te aconseja no delinquir, mañana no se sabe. Hay que apresurar el paso, doña Catita ya debe estar esperándote.
Realmente no sabes qué sucederá con Rosita, en el día de su cumpleaños.

* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón


LA DENTISTA

La dentista tenía que mantener abierta la puerta de su consultorio, ahí, junto al pasillo, por donde solía entrar su mamá a los cuartos que estaban al fondo, y que conformaban una vivienda. Así que en mis frecuentes visitas propiciadas por sus insistentes mensajes, me acomodaba en el sillón reclinable, como si fuera un paciente, y ella recostada en mi pecho, me hablaba cosas de amor, y me decía que se sentía en un sueño. Cuando escuchábamos los pasos de su mamá, se alejaba 30 centímetros de mí y cambiaba el tema, diciéndome: "le voy a poner una resina mientras nos tienen lista la corona, y nos vamos a dar cuenta si provoca alguna molestia por tomar frío o caliente". Cuando la señora cerraba la puerta, volvía junto a mí, sonreía y me inundaba de besos. Al paso del tiempo, la doctora se atrevió a cerrar la puerta, y su mamá le reclamó: ¿qué tanto te encierras? Y cambiamos el horario para vernos, justo en que la señora estaba en su centro de trabajo, lo malo es que en ese horario, yo también debería estar laborando. De modo que las visitas eran rápidas. Un día, al terminar la visita, salimos al pasillo, y advertimos que en la sala de espera estaba el mecánico dental, ella se preocupó y en tono molesta, me dijo que le fastidiaba que esta persona entrara sin tocar el timbre o saludar, pero tampoco quería ponerle seguro a su puerta de vidrio. Entonces le sugerí un censor, y se lo instalé esa misma tarde. Por esa actividad me había conocido, por las instalaciones eléctricas.
_Siempre esperé a alguien como tú -me dijo la dentista- qué lástima que estés ocupado.
_De hecho, no estoy tan ocupado -le dije.
Y sonrió...
Todo comenzó la tarde en que le hice el presupuesto sobre un trabajo eléctrico en su consultorio. Le entregué mi tarjeta y me despedí de ella, con el respeto que prodigaba a mis clientes, en especial a los nuevos. La doctora llamó mi atención debo admitirlo. ...
Un par de días después, me informó que ya tenía el material, y me pedía fuera a verificar que estuviera completo. Así lo hice. En esta segunda ocasión en que nos vimos, me preguntó de qué era la dirección en internet que describí en mi tarjeta de presentación. Le expliqué que era un blog donde publicaba mis escritos, me miró detenidamente y reaccionó admirada. _Voy a visitarlo -me dijo- y te platicaré qué me pareció. Cuando pagó mis servicios, fue ella quien tocó el tema. _De verdad tú escribes eso que está en tu blog. _Sí -respondí. Y refirió que de los veinte escritos que había conocido, todos le gustaron, y que leía dos o tres cada noche antes de dormir. Le agradecí, y me despedí poniéndome a sus servicios. Al paso de una semana, recibí una llamada de la dentista para felicitarme por mi cumpleaños. Me sorprendí al principio, pero luego me confesó que en su consultorio se encontraba mi amigo, quien me recomendó con ella, y él le dijo de mi cumpleaños.
Luego, siguió escribiéndome para decirme que se identificaba con algunos de mis relatos del blog, y que ya tenía sus favoritos. Yo le dije que sus ojos eran muy lindos. Entonces contestó: _Si mis ojos te sirven para inspirarte y escribir un poema, úsalos! Y comencé a dedicarle, uno, dos, tres, quince, veinte, no sé cuántos escritos. Un día me escribió un mensaje para preguntarme cómo estaba. _Muy bien gracias -respondí- y usted cómo ha estado. _ Bien -refirió- aquí me tienes. Y sentí un vuelco en mi corazón. _ En dónde? -cuestioné. _ En tus manos! Exclamó.

Una vez que la dentista mostró cierto interés a mi persona, comenzaron sus constantes llamadas, mensajes, correos, y hasta recargas a mi celular, para asegurarse que le contestara.
Cada vez que le decía que había escrito algo para ella, evidenciaba ansiedad como la que muestra una niña por ver su juguete nuevo.
_¿Ya lo subiste al blog ? -me preguntaba, y luego accedía a la página dejando su comentario como anónimo o con otro nombre.
En otras ocasiones, me pedía que le enviara el escrito a su correo, antes de publicarlo en el blog o en el periódico, porque decía, que ya que era la musa, quería ser la primera en leerlo.
Respecto a todo lo que le escribía, cierto día refirió que había visto en tv, cuando una mujer de avanzada edad, aseguraba que a ella le había escrito un poema "Sabines", y sonrió al decirme:
_Tal vez algún día, cuando ya esté viejecita, y tú te hayas consagrado como escritor, presuma que escribiste para mí estos poemas.
Y fueron constantes las veces en que me llamó para pedirme que fuera a su consultorio, y simular ante las proximidades de su familia, que yo era un paciente más, y también me convertí en eso, pues insistió que tenía que usar braquets.
También empleó de pretexto, mis conocimientos en electricidad, para hacerme llegar al consultorio, a su casa, aunque en algunas ocasiones, el problema era mínimo o inexistente.
Hubo días en que esperaba a que su familia se durmiera, y entonces me llamaba para ir por ella, salía en pants, recientemente bañada, y nos íbamos a cenar para luego dirigirnos a mi vivienda, y estar allá hasta muy avanzada la madrugada. Motivo por el cual, frecuentemente me escribía al día siguiente, avisándome que tenía mucho sueño.
Cierta noche, me dijo que fuera a su casa. Me estacioné a 15 metros de su domicilio, como siempre, esperando a que saliera para llevarla en mi vehículo. Pero en esa ocasión, me sorprendí al ver que se asomó en pijama.
_Ven -me dijo- pasa.
Y me invitó a su recámara.
Estaba más nervioso yo, pues temía que alguien nos viera o escuchara.
Entramos, se recostó en su cama, me miró sonriendo, y articuló.
_Complacido? Me dijiste que te gustaría tanto verme cómo duermo y cómo es mi espacio íntimo, desde donde te escribo en la noche, en la madrugada, y amaneciendo.
Sonreí, y agradecí su gesto, mientras mi vista apreciaba su recámara y también a ella.
_Ven, acuéstate conmigo -susurró.
Estuvimos ahí por algunos minutos, y luego, en actitud diferente con la que me recibió, me solicitó que ya me retirara.
Al día siguiente, me explicó que no podría contenerse a un encuentro mucho más íntimo, y su mamá, podría escucharnos. Le comenté que no debió reaccionar así, que me lo debió pedir de buena forma, yo lo habría entendido, al fin, la idea de entrar, había sido de ella.
Desplantes como ese, fueron constantes. Unas veces era la mujer más feliz, y otras, era callada, distante, cortante.
Aunque pronto se reivindicó, y me invitó al menos en dos ocasiones a su casa, en ausencia de su familia.
Las visitas al consultorio continuaban, siempre a invitación de ella, y se simplificaban algunas cosas para agilizar el procedimiento. Como la vez en que desabotoné su bata, y me sorprendí que no hubiera ninguna prenda debajo. Eventualmente me recostaba en ese sillón, como un paciente, y ella se apoyaba en mi pecho y dormitaba, cansada por nuestros desvelos, por sus escapadas nocturnas, hasta que el teléfono o el timbre nos interrumpían.
Sin embargo, fueron manifestándose las diferencias y mi realidad, y la suya. Gradualmente fue diciéndome que ya no tenía que haber más, que eso sería todo, pero que le gustaría que redactara algo de esta historia que escribíamos, pero no lo hice, hasta ahora.
Luego mencionó muchas veces, que estaba segura en que luego de nuestro desenlace, escribiría poemas reclamándole, porque decía que ella era la mala en la historia.
Y me pidió que siguiera con mi tratamiento, que ella era profesional. Ni le volví a escribir ni acudí a su consultorio, tampoco volvimos a saludarnos.

Alguna vez mientras todavía nos frecuentábamos, envió a mi correo un escrito dedicado para mí, en el que decía: "Ahora me toca a mí", y que tituló "Nadie como tú". Seguramente que su escrito y los míos, se fueron deshojando como los árboles en otoño, listos para la llegada de otros retoños, nuevas hojas y frutos, preparados para recibir la primavera y florecer mejor.

* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.

miércoles, 20 de febrero de 2013

"LA CANASTA"

Al salir de clases, Valeria y Carlitos se encaminan a la parte trasera de la escuela, por donde pasa el arrollo que nace más arriba de la colina, en la que sus tíos les edificaron la cabaña y que habitan sólo con su mamá. Luego de recoger una canasta, que dejaron escondida al terminar el recreo, los pequeños emprenden el camino a casa, en 45 minutos aproximadamente, habrán llegado junto a la choza de su abuelita quien está enferma de las piernas y se le dificulta caminar. Ahí, le dejan galletas y un par de frutas, de las que reciben en la canasta a la hora del refrigerio.


Desde hace seis meses, Laura, la mamá de los niños, se empeña más en su trabajo, pero sin lograr los frutos deseados. De modo que a veces no tiene para prepararles desayuno a sus hijos, y se le dificulta darles dinero para que almuercen en el pueblo. Cuando así sucede, los niños bajan por la escabrosa ladera con el estómago vacío; y más tarde, Laura, se vale de su ingenio y de su amor maternal, para escaparse 5 minutos de su trabajo, en el rancho "las fuentes" y coloca en una canasta, limitadamente algunos alimentos: tacos, quesadillas, lo que sea. Después, corriendo se dirige hacia el arrollo y acomoda la canasta sobre la fría agua que en breves minutos llegará a su destino. La mujer mira el avance de la canasta hasta que finalmente sus ojos la pierden, sólo le queda confiar que no haya algo que obstruya su trayecto. Pensativa regresa a sus labores, mientras recuerda a su finado esposo, y suspira por aquel tiempo en que estuvo con ellos. Abajo de la colina, cerca del colegio, aguarda en secreto el viejo Samuel, quien está al pendiente del paso de la canasta, para agregar fruta, pan y leche. Los niños nunca logran terminar su almuerzo, y desconocen que el viejo Samuel, les envía más alimentos; así que comparten eventualmente lo que les queda en la canasta, con su abuela enferma. Laura nada sabe de la aportación del viejo Samuel, y no tiene que saberlo, pues los más afectados serían Valeria y Carlitos, y la abuela enferma. Años atrás, Laura rompió relaciones con Miguel, un novio de la adolescencia, afectando también el trato con toda la familia, incluyendo a don Samuel, el padre de su ex novio, quien murió soltero.

Al fin, los niños llegan a casa, y dejan sobre la mesa la canasta, con algunas cosas que les puso el viejo, y que no comieron en la escuela. La mamá nada pregunta sobre los víveres que llevan sus hijos, suele imaginarse que son cositas regaladas por sus buenas maestras.

A la mañana siguiente, los niños guardan el alimento que su mamá les preparó, y se dirigen a su escuela. Una hora después, el viejo Samuel espera la llegada de la minúscula embarcación, mientras "peluche", su perro, juguetea con los chapulines. El animal ladra en repetidas ocasiones, y dirige su mirada hacia el arrollo, en donde corre tranquilamente el agua de las colinas, y nada más aparece.

El viejo Samuel hace un gesto, y sonriendo, al sostener el paquete en sus manos, atina a decir: vámonos "peluche" hoy no hubo canasta.
*Autor: Andrés Ortiz Pantaleón

"ERES"

Eres el bálsamo que disipa mi cansancio,
el aroma que reanima mis sentidos,
las letras que despiertan a mi ánimo,
y la esperanza de que llegues a mi nido.


Eres el recuerdo en mi jornada,
que despeja a mi alma con esmero;
el saludo cada noche desde mi almohada,
y la oración en la tarde y amaneciendo.


Eres linda enteramente,
con semblante sensual, nítido y risueño;
fiel amiga en momentos de nostalgia,
y alegre al instante de mis juegos.


Eres lo que falta a mi vida,
pues tienes la experiencia de tus años,
opacas tantas cosas que dañaron,
y reviertes motivando mis anhelos.

*Autor: Andrés Ortiz Pantaleón

sábado, 14 de mayo de 2011

"PARA TODA LA VIDA"

Cierro mis ojos y las imágenes guardadas en mi memoria, toman forma en mis adentros; así que de nuevo admiro tu belleza.

He inundado de caricias cada espacio de tu cuerpo, que recuerdo con suma precisión tu suave piel, de los pies a la cabeza.
Logro ver cuando caen tus cabellos sobre mi rostro y el sudor resbala como diminutas cascadas de tu río, que se une con el mío para formar un océano.
La liga que sostiene tu peinado vuelve a extraviarse y entonces complacido presto mis manos para recoger tu cabellera y conservar descubierto tu cuello de princesa, mientras subimos arriba de las nubes para descansar en ellas como si fueran algodones.
“Te amo” susurro en tu oído, y me pides que lo diga otra vez y más fuerte; y al subir a otro nivel, gritas que me amas, una, dos, tres… no sé cuántas veces, y me pregunto si de verdad estaremos tan alto en el espacio, que la vecina no pueda escucharnos.
“Te amo” decimos ambos coincidentemente, y reímos…
¿para toda la vida? - Me preguntas.
Para toda la vida mi amor –respondo.
Y nos abrazamos para fusionar nuestros cuerpos en uno solo; a lo lejos la luna es cómplice de nuestra promesa.
“para toda la vida” …

* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.
(f)

"NOCHE TURBIA"

En las noches turbias de mi vida,
mi ser herido en lo hondo se agitaba,
como débil embarcación en el océano,
que un estruendo de tempestad resquebrajaba.

El viento lloraba mi lamento,
y sigiloso se escurría por la ventana,
como escapan tristes las hojas secas
de un jardín que en Otoño pierde la batalla.

Las sombras nocturnas me inundaron,
porque ninguna luz en la negrura resaltaba;
un coro laceraba desde el cielo,
con su canto cada espacio de mi alma.

Mis gemidos se ahogaron para entonces,
y no hubo lágrimas que en la aurora aún quedaran;
me alentó la esperanza de un mundo nuevo,
cuando a punto de expirar ya me encontraba.

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.
(f)

"VIDA"

Vida:

¿Por qué te empeñas en jugar conmigo así?
Me has golpeado y te ensañas al verme resistir.

Tú no acabarás conmigo vida, lo siento…
Algún día lo expresaría al fin.
Solo me detendrá la muerte;
Y de eso no estoy muy seguro… porque tal vez,
llegado el momento, pase a mejor vida y entonces;
todo será mejor que esto.

De manera que tú eres para ser vivida en abundancia,
para estar alegre y entonces reír.
Para amar y ser feliz; para cantar y convivir…
Para servir y edificar.
Para eso eres vida… y no para renegar de ti.

Vida; revitaliza mis fuerzas en cada amanecer.
Regálame a diario las ganas de vivir.
Si has de darme más golpes;
dame también el descanso en todo anochecer.
Pero que sea como quieras vida;
de todas las formas en que te manifiestes…
serán las mismas en que te haga frente.

No pretendo contigo pelarme…
Sucede que prefiero a tu esencia vincularme.
Vida; aunque eres la obra maestra
y yo solo un bosquejo en tu arte…
aspiro a vivir en paz y a la sintonía en ambas partes.
Dame una tregua vida…
Y que todo sea mejor que antes

*Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)


.

"MI ALMA"

Mi alma está en quiebra,

al punto de no sostener esperanzas
ni abrigar anhelos en la noche estrellada.

Mi alma se niega a elevarse a otro plano,
porque es tal el cansancio
que no se disuelven las penas de antaño.

Mi alma un día esperó
que trás el velo de las tinieblas,
encontraría al fin la luz.

Mi alma ya nada busca,
nada sueña, porque todo murió
en un día que el viento se llevó de las alas
y no me devolvió la claridad deseada.

Mi ama hoy expiró
y no se movió una hoja en el valle,
ni el mar, la tierra y el cielo,
se lamentaron por mi ser calcinado.

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)

"NI QUE VALIERAS TANTO"

Un día me enamoré de ti y me hundí con mis anhelos,

con ganas de amarte, para siempre con esmero,
creí en tus promesas y sufrí mis desconsuelos,
por no tenerte cuando quise, en Diciembre o Febrero.

Venías a tu antojo a refugiarte en mis brazos,
y me usabas para olvidar y mitigar a tus pasiones,
extrañándote en mi espacio en el día y en los ocasos,
dedicando para ti lo mejor de mis canciones.

Y volvía a esperarte cada vez con ilusiones,
porque así lo decidí libremente a toda hora,
y decías quererme al llenarte de atenciones,
pero no estabas a mi lado en la noche ni en la aurora.

Un día supliqué por buen trato a mi persona,
por sentir que había amor en tus besos y emociones,
que pensaras en mí al llegar la nueva luna,
y con más intensidad, unir los corazones.

Pero te ibas otra vez e insistías en quererme a medias,
a tu modo, con tus vuelos, como ave pasajera,
con ausencias que lasceraban a mi vida sin estrellas,
y dejabas de abrazarme, aunque mi alma lo quisiera.

Ni que valieras tanto; ya no estaré para desear que me llames,
o que me busques cuando quieras, mendigando tu encanto,
suplicando que no me olvides y que este invierno tú me ames,
cuando solo he advertido indiferencia hasta en mi llanto.

Hoy he decidido volar hacia otro cielo,
y sin tu bendición.. solo con un nuevo canto,
que le da calor a mis días fríos como hielo,
así que ya no te ruego; ¿ para qué? ¡Ni que valieras tanto!.

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.
(f)

"BÁLSAMO PARA MI CORAZÓN"

__ ¿Sabes cómo se va a sentir mi corazón ahorita que me retire porque tú no quieres que me quede a tu lado? -pronuncié anoche- y porque habré de considerar tantos "te amo" que me parecieron correspondidos, y que en ningún momento creí que fueran fingidos, inventados o mal sustentados...

__ ¿Y tú cómo crees que se sintió mi corazón con tu expresión de hace un momento -te escuché decir- al instante que todavía admiraba tu vestido, el más lindo que he visto en una mujer.
__ Todo te parece lindo porque me quieres -susurraste en una velada, donde a la luz de las velas nos amamos y señalé que la llama que iluminaba nuestros cuerpos, se manifestaba con solemnidad, porque a pesar de la corriente de aire que entraba por el resquicio de la ventana; la flama de la vela permanecia tranquila.
__ Cantas hermoso... vuelve a cantar en mi oido -supliqué al escuchar que tararreabas una balada.
__ No canto hermoso -respondiste- es que me amas y por eso te gusta como canto.


Pero ahora solo vislumbraba el adiós; a no ser que decidieras que me quedara.
Tú, mi amor; no preferirías que tu cielo, tu vida o tu tesoro, se marchara como si no existiera vínculo alguno para intentar atenuar las cosas.

Y preferiste quedarte sin mí; y solicitaste que me retirara sin ti.
Te di un beso y alcancé a decirte al oído: "que seas feliz con tu decisión"
Quizá te vería al día siguiente y podríamos superar el escabroso momento... o tal vez ya no nos buscaríamos nunca y todo habría concluido.
Llegué a casa y escribí a tu cel (maldita o bendita debilidad la mía) pidiéndote que me compartieras el ser tan fuerte: "Dime cómo le hago para que al menos en este instante no quiera verte"
Y concluí: "Quisiera dormir y despertar en otra dimensión, para que amaneciendo no tenga que enfrentarme a tu indiferencia, rechazo y rencor".
Esta mañana desperté y quise ocuparme en un mundo de cosas, para mantenerme ocupado, y no pensar en esa realidad que me estaba aniquilando involuntariamente.
Hace unos minutos recibí un mensaje tuyo:
"No tienes que despertar en otra dimensión ni enfrentarte a mi indiferencia o lo que sea. Anoche estaba molesta y si te quedabas, pudieron haber empeorado las cosas; me conozco y sé que no hubiérmos estado mejor, de haberte quedado.
Te amo, y no podría vivir sin ti; nos vemos más tarde"
Recordé que la discusión de anoche, tornó en tales niveles, porque ambos aportamos algo al momento.
Te escribí:

"Hola corazón, hasta el sol brilla mejor con tu saludo. Te amo; que tengas un hermoso día"....

Quise decirte que no pude dormir en toda la noche, que aunque no fue fría la madrugada; el frío me caló muy hondo.... Quise decir que tampoco podría vivir sin ti...y que el mundo comenzaba a terminar para mí al saber que podría perderte....pero tu saludo de hoy, ha sido un bálsamo para mi corazón.

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)

viernes, 31 de diciembre de 2010

"GRACIAS"

Gracias por permitirme soñar en los ocasos,

cuando la brisa trae buenas nuevas de la mar;
destellando esperanzas que afloran de tus manos,
como caricias nocturnas en un vals.

Gracias por dejarme que te quiera,
en el día, en la velada y al despertar;
y beber de tus mieles que renuevan,
sumamante mis ansías para amar.

Gracias por ser la música que reanima mis sentidos,
y me acompaña libremente al caminar...
por los sueños, las palabras y abrazos
y porque inundas a mi alma de tu paz...

Gracias...

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)

jueves, 30 de diciembre de 2010

LÍNEAS INVENTADAS

Voy a escribirte un libro con reseñas privadas,

será la vida que algún día compartimos tan solo en líneas inventadas.
Andaremos por veredas vírgenes, que el Creador diseñó para nuestras almas,
que se encontraron en una tarde nublada...
en la que pude mirar tu rostro sereno,
que me inspiró en los días en que faltaba la calma.

Dibujaré paseos románticos en tu época de colegiala,
cuando no sabía de ti... ni de tus ojos que brillan y le dan luz a mis ansias.
Estrecharé tus manos y tu cuerpo para cobijarte este fin de año,
en que me sentiré correspondido, cuando bese tus labios...
escuche tu voz y nos sorprenda el amanecer con buenos deseos
y en tu cumpleaños podamos abrazarnos.

Y si en el libro no caben detalles que halaguen tu ser bendecido por Dios;
plasmaré mil cuentos y un millón de poemas,
para que a través de ellos,
se grabe la historia de dos seres que solo en sueños se amaron

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)

lunes, 15 de noviembre de 2010

ASÍ ES MI TIERRA.

Con cascadas y valles, lagos y mares,
eres mi Estado terruño bendito,
pedazo de cielo con hermosos lugares
y gente bonita en cada rinconcito.

Tienes colinas e historia sagrada,
ríos, montañas y ciudades que hablan,
pueblos con magia y belleza callada,
cultivos floridos y espacios que aguardan.

Con calles empedradas y tejas rojizas
paredes blanquedas y vajillas de plata,
casas coloniales de cantera y calizas,
orgullo de propios y también del turista.

Eres de alma agradecida,
vales, sueñas y tienes esperanza,
en tu gente que ama el don de la vida,
que trabaja a diario y nunca se cansa.

Luces palmeras y playas doradas,
veladas que inspiran, seducen y embriagan,
ofreces chilenas y célebres danzas
sones, corridos y coplas que entusiasman.

Te veo futuro; tus obras lo dictan,
con brillantes artistas que cantan y escriben,
talento grabado en cuadros que pintan
de puestas de sol que al mundo se exhiben.

Así es mi tierra; a veces protesta,
cuando las promesas se tardan,
y si algún tiempo el fruto nos falta,
al píe del cañón guerrerenses aguardan.

Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.
(f)

COMENTARIOS:
por Pili González, de Nuevo Laredo Tamaulipas, el Vie Nov 19, 2010 12:51 am

-Bravo!! Así es nuestra tierra Andrés, como estado uno de los más bellos, lo tiene todo, así como también en casi la totalidad de la República, en casi todo México, el paraíso en la tierra Andrés.


Muchas gracias por compartir tanto de Guerrero en bellísimas letras, un cielo verdadero. Un abrazo muy afectuoso mi querido amigo. Bendiciones.
 
 
Querido Andrés

Maravilloso versar en honor
a esa tierra bendita que te
ha visto crecer, y que como
buen hijo, agradeces con cariño
poder vivir en ella y disfrutarla
con todo tu corazón.
Me encantó!
Mil Besitos
Gardeazul, de Argentina


por Ayeres el Dom Nov 21, 2010 12:52 am

-Darle gracias a esa tierra bendita en tan bellos versos es en verdad digno de aplausos.Un placer haberle leido poeta.


por VICTOR SANTA ROSA, de Guatemala, el Dom Nov 21, 2010 10:21 pm

-Es admirable el fervor para la tierra amada. Mi reconocimiento a tu canto hecho un bello Poema. Abrazos.


por Juan Jimenez Jurado, de España. Ayer a las 4:20 pm

Amigo Andrés, hermosas estrofas le dedicas a tu querido terruño
con unas excelentes imágenes que nos transporta a ese bello
espacio. Me alegra leerte y volver a saludarte. Juan JJ

sábado, 25 de septiembre de 2010

SI PREGUNTAN...

Si preguntan de qué mundo has venido, con nueva esperanza que desvanece la oscuridad, con brillantes luces que iluminan tu camino y alcanzan las sombras de los tuyos en su hogar.
Si preguntan en qué otra época has vivido para conocer los secretos para amar; por no pensar solo en tu vida sino que miras cada día más allá.
Si preguntan cuántas veces has llorado porque saben que eres especial, pues sonríes en lo adverso cuando otros se deprimen o caen tan hondo y no se quieren levantar...
Les dirás que eres humano, que no conoces otro suelo y naciste bajo el mismo cielo, solamente que tu espíritu es valeroso, porque así lo decidiste, por opción que es voluntaria para todos los demás.
Que te distingues sin quererlo; solo intentas servir a tus hermanos sin distinciones o intereses, pues tienes corazón que se renueva porque le has dado libertad.
Si preguntan por las razones que apasionan a tu vida, responderás que tu música es natural; y al igual que muchas estrellas, brillas porque esa es tu esencia y no lo haces para mal, pues no sabes ni quieres hacer otra cosa; tan solo vives para amar.
Y si insisten preguntando, ya no digas nada; solo déjate llevar, inspirado y con instinto siguiendo tus sueños y celebra agradecido por lo que hoy es realidad...

*Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)

COMENTARIOS:
por Ayeres el Jue Oct 21, 2010 12:25 am

-Andres gracias por este bello aporte!!
Lo he disfrutado mucho.
Un cálido abrazo poeta

por Pili González el Jue Oct 21, 2010 2:52 pm

-Mi querido Andrés, hermosa prosa poética nos compartes, bellísimas letras e imágenes que nos llevas de la mano en ese sentir tan puro de ese ser tan especial. ¡¡¡Me encantó!!!

Un verdadero placer haber navegado por tan lindas letras que dejan una huella como caricia al alma. Un besazo muy afectuoso amigo mío. Dios te bendiga siempre. .




Escribes muy bonito...Es una mezcla de calidez con espiritualidad
que le da un tinte muy estremecedor...me encantó...

Es un placer enorme, verte por MAREAS,
http://mareasdelalma.foroactivo.com/mareas-en-prosa-f11/si-preguntan-t6672.htm#55271

Te muestras como siempre: sensible, exquisito
y sencillo en tus sentires.

Te dejo muchos saludos.
Sigue deleitándonos con tus OBRAS, amigo Poeta.

Un abrazo desde Argentina.
Gala Grosso

viernes, 17 de septiembre de 2010

SABRÁS QUE YA NO ESTOY.

Sabrás que ya no estoy cuando no haya letras nuevas en mi espacio
y las notas rápidas que por el trabajo no concluí,
y que por ellas ni un reclamo de tu parte recibí
habrán de decirte mucho por mi ausencia en el verano.

Sabrás que ya no estoy cuando llegue el crudo invierno
y en las noches no existan sábanas cálidas en tu haber,
que conserven suavemente la tibieza de tu piel
al faltarte la esencia de mi alma, y con ello las caricias de mis manos.

Sabrás que ya no estoy, porque en la primavera no habrá tulipanes
ni claveles que recibas en mi nombre, el día de tu cumpleaños,
y te hablen de mil cosas agradecido por lo que un día comenzamos,
compartiendo alegrías, tristezas y un cielo de ideales.

Sabrás que ya no estoy, porque en el otoño al caer las hojas
la luna de octubre que es bella, se adueñe de tu universo,
y en la velada recuerdes que mi amor por ti fue confeso
ante el cielo, en la tierra, con tu gente con la mía y a todas horas.

* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón

(f)

martes, 17 de agosto de 2010

PARA QUE SEAS SOLO TÚ.

Te cuidaré por mil noches, por ser solo tú con tu historia sombría; con tus años de gloria y tus sueños de niña, que aún acaricias cuando reposas dormida, entre fragancias de rosas y velas encendidas.

Elogiaré la belleza de tu alma y la quietud de tu vida, con los cantares bíblicos y poemas de Neruda. Y cuando la oscuridad se marche nos amaremos de día, construyendo proyectos y planes que te animan.

Te halagaré por mil lunas y serás mujer libre, en el jardín de la senda que te guíe convencida. Crecerás a otros planos en un cielo abierto, con alas propias y con otro argumento, para que seas solo tú... con más fuerza y respeto.

*Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
(f)
COMENTARIOS:
por Pili González de Nuevo Laredo Tamaulipas.
Andrés, qué lindas letras acompañadas de ese amor que anima.
Un placer enorme recorrer de nuevo tus inspiraciones amigo mío. Un abrazo enorme. Dios te bendiga.

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por JOEL FORTUNATO de Chihuahua.
Me han parecido poemas de muy buena factura. Saludos siempre.
De nuevo felicidades, un buen deseo para usted con mi estimacion.
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por Lautaro de Chile.
Realmente son palabras que llegan a lo profundo del alma, con un respeto especial a la esencia misma de la persona amada.
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LLeno de amor para dar. Una hermosa entrega de versos que dejan ver una intención de amar con verdad. Un gusto.
Saludos fraternos para ti.
Eloisa Echeverría de Santiago de Chile.

miércoles, 4 de agosto de 2010

POR CONQUISTARTE...

Por un instante en tu vida,
cruzaría descalzo el desierto,
para llevarte guirnaldas de oliva
con caricias, poemas e incienso.

Por una noche atrevida,
desafiaba el inmenso océano,
serías la mujer más querida
si viviera un siglo a tu lado.

Por besar un día tus labios,
olvidaba incluso mi historia,
y si duermo contigo cien años
en la tierra ya tuve la gloria.

Por beber una vez de tus mieles,
cumpliría tus dulces deseos,
y si juras que pronto ya vienes
no requiero llegar a otros cielos.

Por saber que vives feliz,
alejada de mi ser que te ama,
escribiría poemas para ti
y rogaba por la paz en tu alma.

Por los años que no coincidimos,
que bendiga el creador tus proyectos,
y sino he de estrecharte las manos
que tu encanto me deje absuelto.

* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón.

COMENTARIOS:
Eres muy audaz en tu poema...
me ha gustado ese empuje viril.
Felicitaciones,
Un beso
Gala.
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Querido Poeta
Desde el corazón nos llegan
tus letras, encendiendo de luz
y pasión estas mareas
Precioso poema...
Me encantó!
Saluditos cariñosos!
Garde Azul, de Argentina
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por Atlántida el Sáb Ago 07, 2010 9:46 pm
.Hermosos regalos le ofreces entre tus versos, bello ha sido leerte, dejo mi saludo y mi abrazo .

Desde Monterrey.
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por Ayeres el Dom Ago 08, 2010 10:39 pm

Un poema que arranca suspiros.Excelente en verdad.
Un cálido abrazo amigo poeta.